Cómo hablar bien en público tercera parte
Indiscutiblemente uno de los mayores temores que enfrenta el ser humano es hablar en público.
En los párrafos siguientes, usted aprenderá a hablar más claro, profesional y efectivamente en cualquier presentación de un tema o punto de vista.
Diez estrategias le enseñarán como convertir la tensión en energía y
establecer una adecuada presencia personal. Con práctica, usted aprenderá a disfrutar de esta situación que enfrentamos casi a diario.
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PRACTIQUE
Ciertamente la naturalidad debe prevalecer en cualquier presentación oral, no obstante, debemos elaborar previamente un esquema para presentar nuestras ideas en forma clara y concisa. Este esquema debe practicarse a efecto de que nos familiaricemos con lo que se expondrá luego. Nuestra presentación debe comunicarse oralmente,no leerse como un informe.
Practicar nuestro discurso nos ayudará a no divagar sino a transmitir una idea exacta de lo que se va a decir.
Ordene sus ideas según le parezca más lógico y satisfactorio, esto le permitirá aclarar y ordenar sus pensamientos, practique este orden varias veces y verá cuán fácil le resultará exponer sus ideas.
Practicar también nos ayuda a desarrollar la confianza en nosotros
mismos cuando hablamos en público. Verá que la intensa excitación nerviosa que muchos desarrollan cuando hablan en público, desaparece si se ha adquirido dominio del sistema nervioso y serenidad mediante la práctica. Muchas veces ocurre que un orador trata de decir algo pero de esto no pasa, su intención es transmitir ideas pero los nervios parecen paralizar su actuación.
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UTILICE EL LENGUAJE CORPORAL
Para transmitir nuestras ideas, no solamente utilizamos la voz sino
también nuestro cuerpo mediante gestos que a veces son más elocuentes y convincentes que nuestras palabras. Henri Bergson expresa muy bien el papel importante que juega el gesto. “En todo orador el gesto rivaliza con la palabra. De la palabra el gesto corre detrás del pensamiento y procura, él también servir de intérprete”.
Si permanecemos inmóviles o presentamos un rostro impenetrable estaremos inevitablemente provocando la monotonía o generando duda en cuanto a si somos orgullosos o estamos distantes del público.
El auditorio aprecia el significado de la expresión corporal del orador, estará pendiente de aspectos como desplazamiento, gestos de la cabeza, los brazos, hombros y manos, contracciones de hombros o los movimientos expresivos de las manos. Recordemos que a un orador se le ve antes de que se le escuche por lo que esta primera impresión visual causará una reacción estimativa de la sinceridad, cordialidad y energía de las palabras que le dirigen.
A continuación algunos consejos para hacer un adecuado uso de la
expresión corporal.
Háblale a todo el auditorio, no solamente a una persona. Infórmese primero de quién es su auditorio y si es posible averigue cuales son sus preocupaciones, inquietudes y tendencias en relación
con el tema que se va a exponer.
Cuide su apariencia física ajustándola al auditorio, a la ocasión y si
es factible,a la naturaleza del mensaje que se va a transmitir.
Procure crear en el auditorio la impresión de que se dirige personalmente a cada uno de ellos, esto es de vital importancia porque el oyente tiende a rechazar al orador cuando parece ignorar su identidad como individuo. Elija a una persona y háblele directamente, luego haga lo mismo con otra persona y así sucesivamente. Si el auditorio es muy grande hable por segmentos.
Posición.
No es correcto ampararse detrás de la mesa sino que en ciertos
momentos es conveniente permanecer a un lado de la misma y
moverse
unos pasos para dar más énfasis a las palabras. Evitemos balancearnos de arriba hacia abajo y hacia los lados. El
correcto uso de las manos es muy importante, algunos oradores juegan con el botón de su chaqueta, otros enlazarán o desenlazarán
sus dedos. Si se habla de pie no juguemos a la estatua y si se hace sentado manténgase derecho pero sin tiesura forzada, deje un espacio de unos veinte centímetros entre el abdomen y la mesa e igual espacio entre
la espalda y el respaldo de su asiento. Se debe aprovechar estos espacios para avanzar el cuerpo y producir efectos de acercamiento, confidencia o expresión de algún asunto importante, evite el cruce y descruce de las piernas.
Durante la presentación, no mire al suelo fingiendo modestia y organice las ideas antes de hablar durante unos treinta segundos.
Gestos.
Debe haber concordancia entre lo que se siente y lo que se revela
a través del gesto o la mímica y tenga cuidado de que sean naturales, no estudiados. Utilice esa especie de lenguaje por signos
que es de carácter universal para enviar mensajes que denoten indicar, rehusar, precaución, división, etc.
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SEA NATURAL
Cuando exponga sus ideas no adopte poses artificiales ni pretenda
ser un “sabelotodo” pues causará rechazo en el auditorio. La naturalidad se expresa en sus ideas, sus palabras, su postura corporal, sus gestos, su mirada. No trate de impresionar a los demás con datos estadísticos o ideas que desconoce o con una vestimenta extravagante.
Sea usted mismo, transmita exactamente lo que sabe y entienda
que usted vale no por cuanto pueda impresionar sino por su
calidad como ser humano.
Un orador es natural cuando utiliza su propio vocabulario, su habitual modo expresivo, las palabras y frases deben ser las propias evitando la afectación y el rebuscamiento.
Lo anterior no exime la elegancia pues lo que se trata es de combinar lo natural con lo preciso. Se trata de ser sencillo, exacto aunque no es fácil porque sabemos que hay un público pendiente de nuestras palabras por lo que el sentimiento innato de vanidad o impulso natural de egolatría nos puede llevar a tratar de distinguirnos de los demás.
Se deben evitar las falsas sonrisas, los ojos deliberadamente entornados, los movimientos pedantescos o las admiraciones que se apartan de la naturalidad.
Se dice que los oradores más eficaces son los que han aprendido que hablar en público es nada más que una conversación privada amplificada. Ellos han aprendido a vencer la tendencia de los oradores inexpertos de adoptar personalidades totalmente distintas cuando suben al estrado. Un poco de miedo no significa que usted es incompetente, es una reacción humana a una situación de gran tensión.
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COMIENCE BIEN
Se dice que un comienzo interesante es algo que arrebata la atención inmediatamente. Recordemos como dijo Pascal “prever es prevalecer” y debemos prever no solo el comienzo sino el final de nuestra exposición.
La mejor regla de oro para empezar bien un discurso es ser lo más
breve posible, caso contrario, nuestro auditorio se preguntará mentalmente si es que vamos a decir algo.
A veces una muy buena idea no logra impactar precisamente porque se acompañó en un principio por una verborrea que cansó al auditorio. Algunos oradores creen que la mejor forma de iniciar un discurso es narrando un cuento humorístico pero cuidado con esto pues podría provocar más bien la burla y conmiseración si no somos buenos en estos menesteres. Un buen chiste contado con gracia para ejemplificar algún punto es como un confite que adorna un pastel, la crema que le da color pero no el pastel mismo.
Otro error que debemos evitar es comenzar con una disculpa como
“yo no soy orador”, “no estoy preparado para hablar” cualquiera
del auditorio podría pensar “y entonces para qué continuar”
El auditorio está ahí para aprender y pasar un rato agradable y no
para escuchar nuestras excusas.
Respetemos la curiosidad del auditorio con la primera frase y habremos conquistado el interés de su atención. Podemos también generar curiosidad con una pregunta interesante,una frase, anécdota u otra exposición que aunque no esté relacionada
con el tema pueda provocar el interés.
Una buena forma de acompañar estas expresiones y hacerlas más atractivas es mostrar algún objeto ya que es una excelente forma de atraer la atención. Las palabras de un hombre famoso siempre atraen la atención por lo que también esta es una buena opción para iniciar un discurso.Para comenzar bien, debemos también conocer al auditorio y determinar cuales son sus intereses lo cual nos permitirá orientar más acertadamente nuestra frase inicial.
Cuidemos eso si de que esta frase se escuche natural y no estudiada, imaginemos que estamos relatando algo a un amigo.
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